¿Te cuento…?

Ni era el más rápido ni hacía goles. Pero estaba ahí siempre. Atrás. Ordenando. Empezando el juego. Pasé de fiel compañero y suplente habitual en mis primeros años, a llevar el brazalete. No es que aprendiese a regatear, sino que superarme a mí mismo me ayudó a mejorar al resto.

Lo que experimenté aquellos años cargados de compañerismo, de superación, de paciencia, de adaptarte al cambio, de caer y volver a levantarte… son lecciones que hoy, muchos años más tarde, me han facilitado las cosas. En casa, en mis viajes, con mi gente. Podría haber sido cualquier otro deporte -la natación y el tenis de mesa ya me robaban más de una tarde por aquella época-, pero fue el fútbol. Diez años que estoy seguro fueron determinantes en todo lo que vino después.

Me interesé en profundizar en la Comunicación Política y protocolo porque, más allá del qué, siempre me ha abducido el cómo y el por qué. Conocer y analizar la trastienda de las decisiones. Cómo el lenguaje facilita que una misma idea, expresada en un modo y formato distintos, puede resultar mucho más atractiva, segura, comprensible, necesaria. Cómo la percepción supera continuamente a la realidad. Cómo la política y la comunicación van irremediablemente unidas. Todo eso me fascinaba.

En el momento, te soy sincero, fui mucho menos consciente de adónde me iban llevando. Lo hacía por vivir cosas nuevas, por viajar, porque cambiar me hacía sentirme mejor. Hoy, mucho más sereno, agradezco que no parase de abrirme puertas.

Invertí seis años en especializarme en dirección de comunicación corporativa, en comunicación política y electoral… y en un área que me parece fascinante: la gestión de la comunicación ante situaciones críticas. Fueron seis años de muchos sacrificios pero supusieron el mejor aprendizaje para lanzar mi propia consultora. Desde entonces no he dejado de aprender. Sobre todo si tratas como socios a lo que muchos llaman clientes.

No sé si ser consultor de comunicación es un oficio, una profesión o una carrera. Si acaso, de fondo. Miro hacia atrás y si algo me ha enseñado todo esto es a relativizar. A ver todo más claro. Todo es más fácil si aprendes a disfrutar del proceso. Del camino. Ser paciente, ser prudente y, sobre todo, ser perseverante. Ayuda mucho tener clara la meta, qué duda cabe. Pero ayuda más cuidar, mimar y ayudar a los contactos, amigos y profesionales con los que vas encontrándote por el camino. Tengo demostrado que ellos son los que te dan el mayor de los impulsos.

Aunque quizás me has visto hablar aquí o allá, me gusta más escuchar, interpretar y aportar detalles que resuelvan. No sé si más innovadores, pero sí con ese bagaje práctico de esta últimas dos décadas trabajando con empresarios, políticos y Organizaciones sin ánimo de lucro, su estrategia pública y relación con los periodistas.

Aunque parezca que hago mucho, que estoy pero no estoy, no hago más que lo que sé hacer. Estar ahí, atrás siempre en segunda linea…..